jueves, 1 de abril de 2010

INVERTIR EN ECONOMÍA SALVÍFICA

Que todo conlleva un riesgo, eso lo sabe hasta mi vecino Teófilo, el que dice que "este mundo no anda bien", sin caer en la cuenta que él es cojo. Que ese riesgo es proporcional a los beneficios que se pueden obtener, también es cierto en la mayoría de los casos. Por tanto, quien crea que puede conseguir algo –o a alguien– sin correr ningún riesgo, se "arriesga" –aunque parezca contradictorio– al inmovilismo o al desengaño.
Estamos en Semana Santa, fiesta cristiana, donde se celebra la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Muerte que fue consecuencia de un estilo de vida concreto, de un arriesgarse hasta el extremo, tanto que lo ejecutaron por razones religiosas y políticas. Su ganancia, según sus seguidores, estar en lo más alto del escalafón religioso: sentado a la derecha –esto sin connotaciones políticas– de Dios Padre –y esto sin connotaciones machistas–.