martes, 23 de septiembre de 2008

¡JESÚS, QUÉ HOMBRE!

Jesús Sánchez Adalid: licenciado en derecho, ex-juez, filósofo, teólogo, sacerdote y... ¡escritor! Además, de mucho éxito. Échale si no un vistazo a sus éxitos de ventas: "El Mozárabe", "La Tierra sin Mal", "El Alma de la Ciudad"... Los puedes ver aquí. Es interesante la entrevista que coloco más abajo.
Jesus Sanchez Adalid: BA in law, ex-judge, philosopher, theologian, priest y. .. Writer! In addition, very successful. Check if not a glimpse of their best sellers: "The Mozarabic," "The Land without Evil," "The Soul of the City" ... You can see here. It is interesting that put the interview below.


«La Iglesia tiene miedo al vértigo del paso del tiempo»
8-11-2007
Entrevista a Jesús Sánchez Adalid, sacerdote y escritor

Jesús Sánchez Adalid es una “rara avis”. En tiempos en que la Iglesia española tiene cada vez menos presencia en la cultura del país, surge un sacerdote novelista que se consagra, en pocos años, como uno de los mejores y más destacados autores de novela histórica del momento. Le llueven los premios, el último el Fernando Lara, y sus novelas se venden como rosquillas. Pero él sigue teniendo muy claro que en su vida “prevalece la vocación de cura sobre la de escritor”. Y como cura y escritor hace autocrítica, dice lo que piensa y reconoce que “la Iglesia es una gerontocracia” y que a los obispos se les ve como “personajes de poder y carcas”.

Jesús Sánchez Adalid (Don Benito, 1962) es un cura de “vocación tardía”. Primero fue juez y e impartió justicia durante dos años. Después, se hizo cura y dejó la toga por la sotana o el clergyman, que es lo que viste, y la cura de almas. Quizás, por eso, tiene muy claro que, en su vida, no se cumple el aforismo de los Reyes Católicos del “tanto monta”. “Por supuesto que prevalece mi vocación de cura sobre la del escritor”.

Asegura que “la vocación es algo muy difícil de explicar” y que, en su caso comenzó “con una inquietud social”. Lo que sí tiene claro es que, desde que es cura, nunca ha dudado de su vocación y que, además, se siente “feliz”.

Y en su parroquia sólo ejerce de cura. “En mi pueblo, soy el cura y nada más. La gente no se acerca a mí con mitomanía”. A pesar de su creciente fama y popularidad, Jesús es un simple párroco. En Alange, un pueblo de unos 2.000 habitantes de la provincia de Badajoz. “No suelo estar más de 24 horas fuera del pueblo”. Y, por supuesto, ni el obispo se lo ha planteado ni él tiene en mente dejar su parroquia para dedicarse en exclusiva a escribir.

El haberse convertido en un escrito consagrado fue “un proceso progresivo, que he ido viviendo con normalidad”. Y lo mismo sus feligreses y sus compañeros curas, de los que dice que “se sienten orgullosos de mí y se lo agradezco”.

“A veces, el ser párroco me complica la vida, porque quiero atender a mis feligreses, pero también quiero que se me lea. Pero, a pesar de todo, el seguir siendo párroco enriquece mi vida”.

Serio, elegante, con un clergyman impecable, tiene las ideas claras y sabe expresarlas con fluidez. Un cura de hoy, que vive muy en contacto con el mundo actual. Y por eso, le duele más la situación de la Iglesia como institución menos valorada y en la que menos confían los españoles, según todas las encuestas.

Pero, ante esa situación, no se contenta con buscar los enemigos fuera. Y hace autocrítica. “La Iglesia tiene miedo al vértigo del paso del tiempo. Y ese miedo la hace replegarse sobre sí mismo y actuar de forma conservadora”. Y, además, “le falta mordiente”.

La gerontocracia eclesiástica

Quizás, porque “la Iglesia es una gerontocracia, dominada por ancianos y, cuando se es mayor, se ve la vida de otra manera. Es el reino del ancianismo. Además, es la institución más vieja del mundo. Tiene una visión de 2.000 años y está gobernada por un anciano. En cualquier otra institución, el Papa Benedicto XVI hace 20 años que estaría jubilado, pero, en la Iglesia, la está gobernando”.

Jesús Sánchez AdalidEsta gerontocracia eclesial es, a su juicio, ambivalente para la institución. “Por un lado, el anciano siempre va a lo esencial, a la sustancia. Y no se asusta ya por nada. Los que se asustan son los cuarentones, que tienen la visión de la mitad de la vida”. Pero esa situación también tiene “sus inconvenientes, porque todo se retrasa y se ralentiza. Y eso puede exasperar a los demás miembros de la institución”.

Y Don Jesús se extiende a la hora de explicar la “mala imagen” de la Iglesia a la que tanto quiere y, por eso mismo, tanto le duele. A su juicio, se dan en ese fenómeno “una conjunción de factores”. Por un lado, “el anticlericalismo, que se ha consolidado, aunque la mayoría de la gente reconoce las cosas buenas que hace la Iglesia hoy y que hizo a lo largo de la Historia”.

Pero también influyen “las dificultades de la propia institución y el que sea un organismo enorme y pluricelular, un mundo compuesto por muchos mundos en pequeño”. Y señala, en concreto, el orgullo de la labor de los misioneros o la acción social de la propia Iglesia. “Cuando llega un pobre a un pueblo, siempre va a casa del cura, porque sabe que siempre se le atiende”. Eso sí, también reconoce Don Jesús que “a los obispos se les ve como personajes poderosos y carcas”.

“Los curas son muy pesados en las homilías”

Como todo cura que ejerce, Jesús Sánchez Adalid tiene que predicar. Y tiene muy claro que sus sermones han de ser cortos, bien preparados, pero no leídos. “Suelo predicar unos seis minutos y hacer sermones que sirvan para la vida y que alienten y animen a la gente. Nunca los escribo. Eso sí, los preparo: Pero, después, los pronuncio sin papel, porque, cuando la gente te ve leer el papel, desconecta”. Y no le duelen prendas a la hora de reconocer que, a veces, “los curas son muy pesado en las homilías”.

También se muestra crítico con las pastorales de los obispos. “Son muy buenas, pero para curas. A veces, incluso a mí me resultan incomprensibles”. A su juicio, los prelados “tienen que cambiar ese esquema, porque no podemos convertir la fe en una colección de sermonarios. A veces, habrá que cambiar incluso la forma de decir las cosas. Dejar de dar lecciones y de utilizar el tono magisterial y no estar constantemente siendo profetas de calamidades”.

Porque, a su juicio, los españoles siguen siendo mayoritariamente creyentes, en contra de lo que suele decirse. Y siguen yendo mucho a misa. “Las iglesias están llenas. Van 9 millones de personas semanalmente a misa. Al cine, sólo dos millones al año”. Además, “los españoles siguen acudiendo a los sacramentos que, por muy sociológicos que sean, son la masa que tenemos que fermentar”.

Su receta para la Iglesia es sencilla, pero profunda: “Mirar al mundo con cariño y no hacer juicios de valor ni condenar”. Y añade: “No tenemos que tener miedo al mundo. Porque nosotros también estamos en el mundo. El clero no está separado de la sociedad, aunque la que sí se ha alejado de ella sea la institución como tal”.

Ley de la Memoria “oportunista”

Para Sánchez Adalid, la Ley de la Memoria histórica, que acaba de aprobarse, es “una decisión oportunista, que intenta convertir en ley una memoria y, además, con fines electoralistas”. Eso sí, está de acuerdo en que se dé “un trato de respeto a los fallecidos durante el franquismo” y reconoce que, “después de haber tratado con gente de ambos bandos, la conclusión que saca es que la guerra civil fue una gran desgracia”.

En su parroquia no hay “placas a los caídos”, pero si las hubiera, “actuaría con ellas según lo que la gente quisiese, porque es la gente la que tiene que decidir, no la Ley ni el Gobierno”.

Personajes de novela

Don Jesús asegura que “hay muchos personajes de novela en la Iglesia. Juan Pablo II es una novela histórica en sí mismo, un personaje que genera todo un movimiento popular”. En cambio, Benedicto XVI es un Papa que “sigue la lógica de la vida: el que vale llega alto”.

Premio Fernando Lara 2007Como es lógico, Jesús se siente orgullo de todas sus obras, pero subraya “El alma de la ciudad”, de la que ya se han venido 200.000 ejemplares. Por otra parte, no le cuesta escribir: “Lo paso bien escribiendo y disfruto con el resultado. Este es un oficio tremendamente gratificante”, porque es “un viaje desde el corazón del escritor al del lector”.

Entre sus autores preferidos, Delibes, “el más preciso, con una enorme sencillez, que no simpleza para expresar sentimientos. O la generación del 98. Por ejemplo, Pío Baroja, “al que por culpa de Francisco Umbral se defenestró y es un gran novelista, que hay que rehabilitar”. O Valle Inclán. O la gran novela del Siglo de Oro.

Como historiadores, sus faros son Manuel Fernández Álvarez, Menéndez Pidal o García de Cortázar. En Historia, confiesa que se “aleja lo más posible de los historiadores ideólogos”. Y, por supuesto reconoce el valor literario de la Biblia. “Como conjunto es uno de los mejores libros del mundo y el más completo”. A los lectores católicos les recomienda su última novela, “El alma de la ciudad”, porque es “una didáctica de Civitate Dei de San Agustín”.

Y una excelente novela, aunque Don Jesús no lo dice. Un cura modesto, afable, tranquilo, elegante, que da bien en la tele, con una profunda formación, con las ideas claras y que sabe comunicar. Un mirlo blanco entre el clero. ¿No es hora de que la Iglesia aproveche bien sus recursos? ¿No andan los obispos buscando un portavoz?

(Fuente: José Manuel Vidal en Periodista Digital, 3/11/07)