jueves, 24 de marzo de 2011

BOMBARDEOS SOBRE LIBIA Y EFECTOS COLATERALES

Que lo de Libia no está nada claro –ni todo lo que ha ocurrido, está ocurriendo y ocurrirá en los países árabes–, no lo digo sólo yo, hay personas mucho más expertas en estos temas que también ven las cosas bastantes oscuras, negras tal vez..., ¡vamos, tirando para el color del petróleo! Baste colocar aquí estos tres artículos de Gabriel Impaglione, Frei Betto y Esteban Tabares.
Más información sobre lo que está ocurriendo en Libia, comercio de armas y demás:
Comerciantes de armas, en La Noche Temática, Televisión española. Un documental imprescindible.
Todo está claro ahora en este mundo, un artículo de Wilkie Delgado.

Petrobombardeos en Libia
Gabriel Impaglione. Poeta y periodista argentino (vive em Italia). Colaborador de publicaciones en la prensa y electrónicas
Adital
Nadie encuentra en Libia líderes de la revuelta interna contra Kadafi; es anárquica, dicen los opinólogos mediáticos, demostrando que ni siquiera saben cosa es anarquismo.

No hay líderes porque es una rebelión espontánea, argumentan los opinólogos y funcionarios imperiales. Todos les creen. Como una fábula aparecen entonces nuevas formas de organización popular que desafían cualquier explicación. Y súbito armas y armas, grandes ametralladoras, cañoncitos y cañones y todos a revolucionar un país con la tasa más alta de calidad de vida del continente.

Hay una parte de esta película que no vimos.

Los medios universales, sus graves telenoticieros centrales dan la misma noticia a la misma hora.
La red funciona de maravillas! Occidente interpreta el mundo a su manera.

En inglés, francés, italiano o español la palabra bombardeo pisa fuerte. Kadafi bombardea ciudades y pueblos sublevados, anuncian, babeantes de Mercado.

Telesur no encontró con sus cámaras un solo rastro de bombardeo, ni tampoco circulan fotografías o videos tomados desde teléfonos celulares, que sí muestran tiroteos, gente corriendo de un lado al otro, gente con miedo. Como es comprensible en medio a cualquier balacera.

¿Qué sucede entonces con los bombardeos? ¿Dónde y cuándo? ¿Quiénes? ¿Qué bombas?

La TV italiana, miembro del Coro Señorial, tampoco muestra imágenes de bombardeo. Solo gente señalando confusamente algún horizonte lejano. Los bombardeos siempre ocurren en otro lado.

Rusia, cuyo gobierno no aprueba la intervención sobre Libia, dice que pareciera una nueva cruzada (Putin dixit). Demuestra mediante imágenes satelitales capturadas por su ejército que los difundidos bombardeos aéreos sobre ciudades sublevadas en Libia son inexistentes.

Recuerdo aquel científico inglés que trabajó para ONU y que fue asesinado misteriosamente luego de dar su informe sobre la ausencia de armas químicas en Irak. Pasó un buen tiempo para que se difundiera a través de los medios que efectivamente no había armas químicas en Irak. (Si mucho, pero mucho petróleo).

En Italia Berlusconi – muy amigo de Putin y también de Sarkozi- dice sentirse apenado por todo lo que ocurre con esta invasión. Su amistad con Kadafi lo llevó varias veces al África, acuerdos económicos, bisnis, bisnisbisnis. También el libio pisó tierra italiana- besamanos de Silvio, mediante-. Las fuerzas armadas italianas de todos modos están firmes al pie del cañón. Un país con una severa crisis económica y social se permite "invertir” presupuesto en esta nueva cruzada; lo mismo España, la diferencia es que en Madrid por ejemplo, no pasa hora sin acto de repudio por parte de los españoles. Pero en Italia solo manifiestan los fugados del África que son miles en Lampedusa, subsistiendo en condiciones deplorables luego de un viaje por mar pagado caro y con riesgo mortal.

Para Europa –que depende altamente del petróleo Libio- hace tiempo que Kadafi dejó de ser un problema, también para lo mejorcito de occidente, en todos los casos fue recibido con tantísimos honores repetidas veces por los gobiernos que hoy lo atacan.

¿Qué sucedió en medio de todo esto?

¿Qué parte de la película nos perdimos?

Se puede o no tener simpatía por el primer Kadafi o por el Kadafi de los últimos años. Pero, definitivamente, no se puede estar del lado de los cruzados.

No se puede estar del lado de la prepotencia de los fabricantes de bombas y los comerciantes de oleoductos. Estas gestas solo producen muerte sobre muerte, hasta que el planeta entero caiga en la lista negra.

La mediación de Venezuela no sirve a los planes imperiales, esa mediación habla de fraternidad de los pueblos, de paz y acuerdo pensante. La ONU la descarta y pone en práctica otra vez las indicaciones del Club de Fabricantes de Misiles.

Siempre hay algún comunista que habla de planes imperiales. Ya se sabe de qué paño están hechos estos rojos. Dicen que hacer pie en Libia significa no sólo poner bajo jurisdicción propia el petróleo (¡otra vez el petróleo!) sino dar efectividad a una presencia concreta en cercanías del convulsionado norte de África, tan propenso a las revueltas, últimamente.

Otros dicen que es una forma de darle garantías al vecino Israel, socio imperial que tras la caída de Mubarak ve en Egipto una amenaza constante. Nunca se sabe. Una cosa es agarrársela con el pequeño Palestina. Hay quienes agregan que la marca imperial en Libia es otro paso para llenar de banderitas la periferia iraní. Yo no me quedo sólo con la teoría del petróleo (Siempre el petróleo).
También está el petróleo, claro.
¿Y la ONU?
Bien, gracias. Siempre la misma canción. En Barhein la represión contra los antiplutócratas fue reprimida salvajemente con plomo de Arabia Saudita. La ONU ni mu... Las cosas en Yemen no están fáciles, la ONU ni mú.
La ocupación marroquí del Saharaui Occidental contabiliza tantos muertos y perseguidos que se pierde la cuenta. La ONU dice esta boca no es mía.
Mientras Kadafi bombardea a su pueblo -CNN dixit- Israel despedaza palestinos. Nada en la ONU que nos haga advertir algún tipo de preocupación al respecto.
Jamás una palabra de los aristocráticos regímenes árabes pro occidentales, en tanto éstos no dejen de ser funcionales a los intereses hegemónicos.
En Afganistán asesinan a diario gente inocente las mismas fuerzas bendecidas por la ONU.
¿Qué sucedería si Honduras tuviera un poco de petróleo? ¿Permitiría la ONU los asesinatos de opositores bajo el régimen de Lobo? ¿Por qué no envía (la ONU) una fuerza multinacional a desbloquear Cuba? ¡El mundo entero- salvo tres obvias excepciones- ha votado contra el bloqueo!
Los derechos humanos y la salvaguarda de los pueblos han llevado a los "onunistas” a permitir fuerzas invasoras en Libia. ¿El emocionante golpe de escena final será un verdadero ejército de gerentes haciéndose cargo de petróleos y gobierno? Allí confundidos en esas huestes encorbatadas, ¿aparecerán – finalmente- los líderes de la revuelta?


Gadafi y las potencias occidentales
Frei Betto. Escritor y asesor de movimentos sociais
Adital
Las potencias occidentales, lideradas por los Estados Unidos, se hacen de la boca gruesa en defensa de los derechos humanos en Libia. ¿Y las ocupaciones genocidas de Iraq y de Afganistán? ¿Quién dobla las campanas por un millón de muertos en Iraq? ¿Quién lleva a la Corte Internacional de Justicia de la ONU a los asesinos confesos en Afganistán y a los responsables de crímenes de lesa humanidad? ¿Por qué el Consejo de Seguridad de la ONU no dice una palabra contra las masacres practicadas contra los pueblos iraquí, afgano y palestino?

El interés de los EE.UU. y de la Unión Europea no es la defensa de los derechos humanos en Libia. Es asegurar el control de un territorio que produce 1,7 millones de barriles de petróleo al día, de los cuales depende la energía de países como Italia, Portugal, Austria e Irlanda.

El caso de Iraq es ejemplar: los Estados Unidos inventaron las nunca encontradas ’armas de destrucción masiva’ de Saddam Husein para ejercer el control sobre un país que es el segundo mayor productor mundial de petróleo -2,11 millones de barriles-, sólo superado por Arabia Saudita. Y posee una reserva calculada en 115 mil millones de barriles. A esa riqueza se le suma el hecho de ocupar una posición geográfica estratégica, pues tiene fronteras con Arabia Saudita, Irán, Jordania, Kwait, Siria y Turquía.
El próximo 20 de marzo se cumplen ocho años que los EE.UU. y sus adláteres invadieron Irak con el pretexto de ‘establecer la democracia’. El gobierno de Maliki está lejos de poder ser considerado una democracia. En febrero pasado millares de iraquíes salieron a las calles para reclamar trabajo, pan, electricidad y agua potable. El ejército los reprimió brutalmente, habiendo muertos, heridos, detenciones arbitrarias y secuestro de activistas. Ninguna potencia mundial reclamó en favor de los derechos humanos ni sugirió a Maliki que respondiera ante tribunales internacionales.
La ONU es hoy, lamentablemente, una institución desacreditada. Los EE.UU. la utilizan para aprobar resoluciones que justifiquen su papel de policía global al servicio de un sistema injusto y excluyente. Cuando la ONU aprueba resoluciones que contrarían a la Casa Blanca -como la condena del bloqueo a Cuba y la opresión de los palestinos- ella sencillamente hace oídos sordos.
Gadafi está en el poder desde 1969. Son 42 años de dictadura. ¿Por qué los EE.UU. y la Unión Europea nunca hablaron de quitarlo? Porque, a pesar de sus atentados terroristas, era conveniente mantener allí a un déspota que atraía inversiones extranjeras e impedía que llegasen a Europa los inmigrantes ilegales del África subsahariana, o sea todos los países al sur del desierto del Sahara.
Ahora que el pueblo libio clama por la libertad los EE.UU. ocupan posiciones estratégicas en el Mediterráneo. Barcos anfibios, aviones y helicópteros son transportados por los barcos de guerra US Ponce y US Kearsarge. La Unión Europea, a su vez, no está preocupada por la democracia en Libia sino por evitar que miles de refugiados desembarquen en sus países deteriorados por la crisis financiera.
Temen también que la onda libertaria que asola a los países árabes, productores de petróleo, suban el precio del producto, recargando más a las potencias occidentales, que luchan con dificultad para vencer la crisis del sistema capitalista.
Se habla de establecer una ‘zona de exclusión aérea’ en Libia. Eso significa bombardear los aeropuertos del país y todos los aviones allí estacionados. Y exige el envío de portaviones a las costas africanas. En suma, un nuevo frente de guerra.
El hecho es que la Casa Blanca fue sorprendida por el movimiento libertario en el mundo árabe y, ahora, no sabe cómo proceder. Era más cómodo seguir siendo cómplice de los regímenes autoritarios a cambio de las fuentes de energía, como gas y petróleo. ¿Pero cómo oponerse al clamor por la democracia y evitar el peligro de que el gobierno de dichos países pueda caer en manos de fundamentalistas?
Gadafi llegó al poder con amplio apoyo popular al derribar el régimen tiránico del rey Idris, en 1969. Mordido por la mosca azul, con el tiempo olvidó todas las promesas libertarias que había hecho. En 1974, valiéndose de la recesión mundial, expulsó a las empresas occidentales, expropió propiedades y promovió una serie de reformas progresistas que hicieron mejorar la calidad de vida del pueblo libio.
Asociada a la Unión Soviética, a partir de 1993 Gadafi dio la bienvenida a las inversiones extranjeras. Tras la caída de Saddam, temiendo ser el siguiente de la lista, firmó acuerdos para erradicar las armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Se erigió en un perseguidor feroz de Osama Bin Laden. Pidió ingresar al FMI, creó zonas especiales de libre comercio, abrió el país a las transnacionales del petróleo y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía, lo que hizo aumentar el desempleo a cerca del 30% y agravarse la desigualdad social.
Gadafi mereció elogios de Tony Blair, de Berlusconi, de Sarkozy y de Zapatero. Igual que a Occidente, le desagradó la expulsión de los gobiernos tiránicos de Túnez y Egipto. Ahora dispara contra un pueblo desarmado que aspira a sacarle del poder.
Para las potencias occidentales Gadafi se convirtió en una carta rebelde de la baraja. El problema ahora es cómo echarlo del poder sin abrir un nuevo frente de guerra y convertir a Libia en un ‘protectorado’ bajo control de la Casa Blanca. Si Gadafi se resiste, Bin Laden puede ganar más de un aliado o, al menos, tener uno más en materia de amenazas terroristas.
El discurso de Occidente es la democracia. El interés, el petróleo. Y para el capitalismo sólo eso interesa: privatizar las fuentes de riqueza. En cuanto a la lógica de que el capital predomine sobre la libertad, Occidente nunca conocerá verdaderas democracias, aquellas en las que la mayoría del pueblo decide los destinos de la nación.

http://www.freibetto.org - twitter:@freibetto.

Libia: preparativos de guerra.
Los levantamientos en Libia, coincidiendo con las luchas populares del resto de países del Magreb y Masrek, responden a razones semejantes a las del resto de países pero tienen connotaciones bien diferentes. En parte son el resultado del hartazgo de un pueblo que ha visto deteriorarse gravemente sus condiciones de vida en los últimos años al tiempo que comprueba la corrupción y el enriquecimiento de las camarillas cercanas al poder. En 1969 la lucha anticolonial derrocó la monarquía fantoche del rey Idris, nacionalizó la industria petrolera y las grandes empresas bajo control de EE.UU y Gran Bretaña y generó un desarrollo agrario e industrial que permitió mitigar las graves desigualdades sociales y el acceso de la población a la vivienda, la educación y la sanidad públicas. No era una revolución socialista pero se situó claramente contra el imperialismo y el sionismo. Kadhafi formaba parte destacada del “eje del mal” y Reagan bombardeó Bengasi y Trípoli en 1986.
La situación cambió radicalmente a partir de los años 90, cuando el gobierno da un giro de 180 grados y empieza a abrirse a la penetración extranjera, sobre todo tras la invasión de Iraq en 2003. Las grandes empresas petroleras, fundamentalmente europeas, van controlando porciones cada vez mayores del crudo y del gas, se privatizan las industrias y, sobre todo, cediendo a las exigencias del FMI se van eliminando los subsidios a los productos alimenticios, combustible y se van anulando las medidas de protección social. Mientras el pueblo se empobrecía y la corrupción y el nepotismo se extendía, Kadhafi era recibido con gran pompa por los gobiernos europeos convertido en un aliado “un poco excéntrico”. El estallido de la ira popular tiene pues raíces semejantes a la que ha hecho levantarse a otros pueblos árabes, cuyos responsables son los gobiernos corruptos que han aplicado las políticas impuestas por el imperialismo.
Pero hay otros elementos. Sobre el caldo de cultivo de la legítima indignación popular es preciso analizar quién está dirigiendo la oposición. El elemento político fundamental es la Conferencia Nacional de la Oposición Libia integrada por el Frente Nacional por la Salvación de Libia (FNSL), fundado en 1981, financiado por la CIA y con oficinas en Washington, con una organización militar, el Ejército Nacional Libio, y por la Unión Constitucional Libia, organización monárquica que reclama lealtad al rey Idris. Ambas organizaciones reclamaron inmediatamente la intervención internacional. Y la “comunidad internacional” está respondiendo. Las inmensas riquezas derivadas del control absoluto del petróleo y el gas, a los que hasta ahora no estaba accediendo EE.UU., son sin ninguna duda el objetivo de las “intervenciones humanitarias”, dirigidas por los mismos que han sido y son los responsables directos de las mayores matanzas y sufrimientos perpetrados contra los pueblos.
Lo primero que votó el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU han sido las sanciones a Libia, las mismas que asolaron al pueblo iraquí antes de la invasión, y el mismo CS que asistió sin rechistar a las masacres israelíes sobre Gaza y Líbano. Y para que no quepa duda de lo que se prepara, la evacuación de civiles británicos y alemanes se está realizando mediante barcos de guerra fuertemente armados, mientras el gigantesco portaviones USS Enterprise y la Sexta Flota se encaminan hacia Libia. Por su parte, la OTAN discute la imposición de una zona de exclusión aérea y el establecimiento de corredores militares desde Egipto y Túnez, los cuales además de cercar las instalaciones petroleras y de gas pondrían la bota militar sobre las esperanzas de democracia y soberanía de estos pueblos.
Al tiempo que Sarkozy clamaba por bombardeos selectivos para evitar que Kadhafi ataque a su pueblo con “armas químicas”, Francia y Reino Unido, avanzadilla de las posiciones de EE.UU. en Europa han reconocido ayer al Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT) integrado fundamentalmente por el FNSL y por la UCL que pretende restaurar la monarquía. Este “gobierno provisional” con sede en Bengasi está así mismo clamando por una intervención militar de la OTAN. ¿Es legítimo hacer paralelismos entre esta “oposición” y las revueltas populares en Tunez, Egipto y demás países árabes? ¿Alguien les ha oído reclama una intervención militar?
Por si hay alguna duda, comprensible en estos tiempos de tanta mentira mediática, acerca de la petición reiterada del “gobierno provisional” de una intervención militar informo de algo vivido directamente. Cuando asistía a una reunión preparatoria de una próxima manifestación en solidaridad con los levantamientos de los pueblos árabes y al exigir que se explicitara con toda claridad que los convocantes nos oponíamos radicalmente a cualquier intervención extranjera y exigíamos al gobierno español que no participara en acción alguna de la OTAN, ni prestara las bases, la representante de Casa Libia dijo que su organización seguía las directrices del gobierno provisional reclamando una intervención militar y que si la propuesta citada se aceptaba, ellos no suscribirían el Manifiesto. La propuesta se aceptó.
Para cualquiera que se moleste lo más mínimo en informarse está claro que las organizaciones libias anteriormente citadas son criaturas de la CIA y/o expresión de una monarquía que debe su existencia al sometimiento al colonialismo. Nada nuevo, por otra parte; es lo mismo que ocurrió con la oposición iraquí o con los jefecillos locales que hacen el trabajo sucio y esperan ocupar su lamentable cuota de poder aupados por las armas del imperio. No me cabe duda de que entre los alzados hay sectores del pueblo libio que rechazan la intervención extranjera y, que como en otros países árabes, reclaman democracia y justicia social. Cuando oigamos su voz – aún débil o sepultada por la propaganda – merecerán el apoyo y la solidaridad que están generando las demás luchas populares árabes, pero deberán diferenciarse nítidamente de quiénes no son más que esbirros del imperialismo en Libia.
Después de lo que sabemos, de lo que hemos conocido directamente de su propaganda de guerra como pretextos inventados para masacrar, deponer gobiernos que no se les someten y asesinar a centenares de miles de personas, ¿Alguien puede creer que estén vertiendo lágrimas por los sufrimientos de ningún pueblo y mucho menos que la OTAN, la mayor maquinaria de guerra y de destrucción se apreste a realizar “intervenciones humanitarias”? Por otra parte, la intervención en Libia serviría perfectamente como “aviso para navegantes” para los demás pueblos árabes”. Esa y no otra es la lectura del apoyo de la Liga Árabe a un ataque a Libia: sería el mejor regalo que se les podría hacer a corruptas petromonarquías que ven sus tronos tambalearse por la ira popular.
No puede haber la menor duda: es al pueblo libio y a los pueblos árabes a quienes corresponde decidir sobre sus gobiernos en su legítima lucha por la democracia y la soberanía sobre sus recursos, que inevitablemente les lleva a confrontar con el sionismo y el imperialismo. A nosotros nos toca hacer todos los esfuerzos posibles por intentar detener los proyectos criminales del imperialismo, a defender la lucha por la autodeterminación de los pueblos y a impedir que ni un sólo soldado, ni una sola base se utilice para atacar a ningún Estado. Como en Iraq, el problema central no es quién es Sadam o Kadhafi, sino qué papel juegan los recursos de sus pueblos en los planes de dominación y expolio de las grandes potencias. Hoy como entonces: ¡No a la guerra imperialista!
ESTEBAN TABARES