jueves, 25 de marzo de 2010

RICARDO CASTELLA, GLADIADOR HUMORÍSTICO


Juan Ignacio Cortés. 21rs.

“Muchos políticos se han reído con nuestras parodias”
Ricardo Castella (Madrid, 1974) era un chico que hacía monólogos y guiones para programas humorísticos de la tele al que un día le pidieron que se pusiera delante de la cámara, tal vez porque no era tan feo y porque había hecho algo de teatro. Así llegó a protagonizar una sección de análisis político-humorístico en el programa Noche Hache y se hizo famoso, aunque no le guste. Luego ha hecho muchas otras cosas en la tele y, a finales del año pasado, presentó en el Teatro Alfil junto a otro monologuista, Juan Diego Martín, el espectáculo Cómico bueno, cómico muerto. Allí le pillamos, haciendo pruebas de sonido, para entrevistarle. Cuando le comentamos que se trata de una entrevista que intenta ser desenfadada y dicharachera, dice que se alegra porque no sabe hacer otras. La entrevista se anima tanto con risas e ironías que hasta se traspapelan preguntas. Ahí van algunas de las que sobrevivieron.

-Creo que era Gloria Fuertes quien escribió un poema que decía que su padre era ingeniero ingenioso. Usted pasó de lo de ingeniero y se quedó en ingenioso.
-Hubo un momento que estaba haciendo más de esto que de lo otro y una ingeniería de telecomunicaciones, así, como hobby, no he conocido nadie que se la saque.

-Para ser monologuista ¿hace falta talento o, simplemente, caradura?
-(Duda) Lo que hace falta es trabajo duro. Pruebas material ante gente y, si no le gusta, te deshaces de él. En nuestro mundillo se dice que un buen cómico no es el que escribe buenas bromas, sino el que es capaz de tacharlas para escribir mejores. A eso aspiramos.

-Esto de los monólogos es un invento yanqui, ¿no? ¿Se siente agente imperialista?
-Aquí hacemos una versión de aquello. Hemos empezado más tarde, ellos tienen muchos circuitos… Al final, casi todo lo que cogemos de allí lo hacemos nuestro. Mira la fiesta de Halloween, lo castellana que queda.

-Ha sido analista político en La Noche Hache y tertuliano del corazón en Tal cual lo contamos. ¿Quiénes son más verduleras: los políticos o los protagonistas de la información rosa?
-Matizo: Yo no he sido tertuliano del corazón, ¡Dios me libre! Yo tenía una sección de humor sentado al lado de tertulianos del corazón y he sobrevivido a eso. Me considero un gladiador. El problema es que la gente que se dedica a la política tiene responsabilidades y con que fueran la décima parte de verduleros de los otros ya sería para darles un toque. Trabajan con cosas importantes como para estar siempre yo-te-he-dicho-tú-me-has-dicho.

-¿Se hizo enemigos en aquella época o los políticos admiten que se rían de ellos?
-Saben que forma parte del juego. Tampoco lo que hacíamos nosotros era sangrante. Creo que muchos políticos se han reído con nuestras parodias. Ellos están obligados a dar una versión oficial muy políticamente correcta y formal, pero por dentro piensan lo que todos.

-En Noche Hache tenía pensado incluso fundar un partido político. ¿En qué ha quedado eso?
-Llegamos a formarlo y, en el último momento, no nos presentamos, porque no nos parecía serio. Hubo gente que le sentó mal que nos retirásemos. Eso da idea de lo contenta que está la gente con la clase política: “¿Unos cómicos? Me valen también”.

-En ese sentido, dice que la fama no le gusta. Que si pudiera haría su trabajo y luego se perdería en la multitud. En fin, permítame que lo dude.
-Lo más bonito que hacemos es que divertimos a la gente. Pero, una vez que terminamos el espectáculo… Bueno, si la gente te quiere dar las gracias, está bien. Pero no me interesa especialmente.

-En una entrevista se definía “dramaturgo, realizador, guionista de cine, actor, cómico y músico”. ¿Es pretencioso o es que en tiempos de crisis hay que diversificar el currículum?
-Eso era una descripción de mi compañero de espectáculo, Juan Diego Martín. Pero la mitad de las cosas que ponía no las hacía. Así que ahora estoy intentado hacerlas para estar a la altura del currículum que me hizo. Pero todavía me faltan varias.

-Ese espectáculo -Cómico bueno, cómico muerto- es de monólogos y lo comparte con otro monologuista. ¿Mejor mal acompañado que solo?
-Estoy muy bien acompañado. Hemos hecho muchos monólogos y había llegado el momento de hacer una cosa un poco distinta. Nos estamos divirtiendo bastante, pero no controlamos mucho lo que hacemos. Se puede decir que es un espectáculo fuera de control.

-¿Tienen un nombre para el nuevo formato? ¿Duólogos, tal vez?
-Podría ser. Pero hay monólogos también, ¿eh? Es un espectáculo de monólogos para la gente a la que no le gustan los monólogos, pero el teatro sí. Pero también un espectáculo de monólogos con un poco de teatro para la gente a la que le gustan los monólogos. Luego le hemos metido una parte musical que puede hacer que seamos odiados para toda la eternidad.

-Dicen que forma parte de un plan diabólico para conquistar Broadway. ¿Avanza la cosa? ¿Tiene ya planes para el día después de la conquista?
-Tenemos conquistada una acera de una calle de Madrid. Yo lo veo como algo gradual. Espero que no vaya a menos, porque nos quedaría algo así como una baldosa, y eso no sería una conquista, sino…

-Un chotis.
-…Sí, algo así. Nuestra idea es ir allí y hacerles lo que ellos llevan años haciendo. Hemos tragados muchos musicales de allí, que había muchas cosas que no se entendían, con esas traducciones… Todo ese sufrimiento hay que devolvérselo.

-¿Bromea cuando afirma que le daba pánico cantar y que ahora al público le da pánico que cante?
-Sí, nos daba miedo. Pero hemos pensado que es bonito compartir las emociones. Cuando estás incómodo dices: “que no sea yo sólo”. Estábamos incómodos por cantar y ahora vemos que todo el mundo está incómodo cuando cantamos. Eso nos hace sentir mejor. Nos relaja.

-Poniéndose trascendente, dice que el espectáculo es una reflexión sobre el talento y la falta de talento. ¿En cuál de esas dos mitades se inscribe?
-Es una reflexión sobre el talento. Pero como cantamos y tocamos en directo sin saber, al final, provocamos una reflexión sobre la falta de talento, pues la gente se queda diciendo: “pues es verdad que para esto hay que saber”. Hacemos buenos el resto de los musicales que hay. Tú vienes a ver esto y luego vas a ver cualquiera de los otros musicales que hay y seguro que te gusta.