martes, 15 de julio de 2008

LA EVA VERDE

Lo que nos hubiese evitado –¡la pérdida del Paraíso, ni más ni menos!– el hecho de que Eva –y por extensión Adán– hubiese sido más selectiva a la hora de coger el fruto de ese árbol tan apetecible denominado de "El conocimiento del Bien y del Mal". Unos pocos reparos ecológicos hubiesen bastado para confundir a la astuta serpiente –y, a la vez, no ser confundidos por ella– y evitar las fatales consecuencias que desencadenó aquél mal mordisco sobre la fruta prohibida. Por desgracia parece que no aprendemos, y seguimos dando bocados donde no debemos, engañados por las "serpientes" de turno. Intentando ser dioses y perdemos lo más esencial a nuestra naturaleza humana: el sentido de supervivencia y los estrechos lazos de solidaridad que nos unen con todo el planeta. ¡Confío que no lleguemos a perder también este sucedáneo del Paraíso donde nos ha tocado vivir!