viernes, 14 de mayo de 2010

NURIA ESPERT, MUJER-TEATRO


Juan Ignacio Cortés. 21rs.
“El teatro es una forma de vida, en eso se parece a la religión”
“Necesito estar tranquila para volverme loquita sobre el escenario”

Cuesta mucho plantear una entrevista supuestamente ingeniosa que proporcione un perfil humano de Nuria Espert, porque, repasando su vida y su obra, uno se siente ungido por un sentimiento de reverencia y respeto que merece una gran dama (la Espert lo es, por mucho que renuncie a aceptar el término). Desde que empezó con menos de 20 años hasta hoy, Nuria Espert ha completado más de medio siglo sobre las tablas. Tenía todos los premios, incluido el Nacional de Teatro, pero en los últimos meses le han caído dos más: la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes y el Premio Valle-Inclán, convocado por un importante grupo editorial. En otoño triunfó con su interpretación de Bernarda Alba bajo dirección de Lluís Pasquall y ahora prepara La violación de Lucrecia, un poema de Shakespeare que ha transformado en un monólogo terrible y cuya puesta en escena le apasiona y le intimida a partes iguales.

-Ha asegurado que sólo se siente completa encima de un escenario, así que imagino estoy entrevistando tan sólo a su mitad. ¿Con quién tengo el gusto: con Nuria o con Espert?
-(Risas) Hoy has tenido mucha suerte: están las dos hermanitas juntas.

-Empezando a documentarme para la entrevista, leo: “Nuria Espert, la gran dama de España- con permiso de S.M. la reina”. ¿Cómo se le queda el cuerpo cuando lee estas cosas?
-Debe de ser una broma.

-Rechaza los calificativos de dama, de gran señora, pero cuesta imaginarla sacando los pies del tiesto.
-Pues los he sacado muchas veces, la verdad (risas). Lo de dama me parece algo postizo.

-Le he oído decir que no le gustan las banderas. Nos ha salido usted ácrata.
-Hmmm… No soy ácrata, pero esos trapos de parecen causantes de mucha sangre y dolor. Que se muera por su causa es algo que me parece necio.

-Dicen que las divas están llenas de manías, pero José Luis Gómez jura que usted lleva una vida modesta y laboriosa y de cerca parece una persona sencilla.
-(Risas) Soy una persona sencilla que lleva una vida modesta y laboriosa, sí. Estoy de acuerdo con todo.

-“El actor de teatro es el más indiscutible de los actores”. La frase es un poquito sobrada, ¿no?
-¿Se lo parece? Yo creo que no. Fíjese sólo en un detalle: el actor de teatro utiliza todo su cuerpo, hasta los pies, para expresar. El de televisión o el de cine, no, depende del plano.

-Asegura que en cada función es capaz de percibir el grado de atención de cada uno de los espectadores. ¿Es así o es lo que toca decir, lo políticamente correcto?
-En el teatro, el público se vuelve una sola cosa, una sola respiración. Yo y todo actor de teatro notamos cuando una parte se desentiende, cuando no has conseguido crear esa unidad.

-No cree, pero, por cómo habla del teatro y cómo se siente el teatro cuando se habla con usted o se lee sobre usted, el teatro parece una religión, no sé si verdadera.
-No me gustan las religiones. Pero es verdad que el teatro es una manera de vivir. Y eso es un poco lo que representa una religión para sus fieles.

-Conoció el éxito muy joven. Cuando te han repetido tantas veces que estás llena de talento, ¿cómo se maneja uno para no ser condescendiente con los demás? ¿Planchando en casa?
-No, no. Basta con Acordarse de las veces que te han dicho que tu trabajo no vale nada.

-Usted ha sido mujer de un solo hombre. Pero, oiga, ¿esto del teatro no era un nido de liberales y casquivanos?
-(Risas) Somos muy liberales. Tengo una manga anchísima para todo el mundo. Me abstengo mucho de jugar y de condenar a nadie. Supongo que eso se acerca bastante a ser casquivano.

-Aunque esto sea una entrevista supuestamente desenfadada, no me resisto a citar una frase suya referente a su marido que me parece una de las mayores declaraciones de amor que haya escuchado o leído nunca: “las cosas no pasaban hasta que no las compartíamos”.
-Es absolutamente cierto. Así que, desde que murió, no pasa nada.

-Le he oído decir que cuando le toca actuar se le pasan todos los males. ¿Recomendaría el teatro como terapia?
-Es una terapia para los que lo amamos, sin duda. Yo he visto verdaderos milagros sobre el escenario: enfermos de muerte que se transformaban en sus personajes y no volvían a ser enfermos hasta que se acababan los aplausos.

-Casi siempre ha interpretado a mujeres de carácter, pero su vida privada ha sido muy apacible. Es algo que solo es posible con talento, imagino, porque un común mortal se pregunta de dónde puede sacar esa tensión emocional.
-Ser géminis ayuda. Dicen que los signos dobles somos capaces de vivir dos vidas. Es verdad que llevo una vida privada apacible, monótona y aburrida. Para mí, la felicidad completa es estar en casa leyendo, estudiando o descansando. Necesito estar tranquila para volverme loquita sobre el escenario.

-Todo el mundo habla del excelente momento del teatro español, incluso en tiempos de crisis económica. ¿Será que forma parte del sistema de pan y circo?
-Hmmm… Yo creo que ha habido una saturación, que va a ir a más, de elementos tecnológicos (televisión, ordenadores, Internet…). Por eso, de unos años a esta parte se ha redescubierto el ocio tan placentero de un ser humano actuando para otros seres humanos. Eso ha dado lugar a que se produzcan un gran número de espectáculos de alta calidad. El teatro se ha dinamizado mucho y espectáculos de mucha calidad dramática tienen el respaldo del público.

-Pese a tanto premio, no parece que lo de retirarse vaya con usted, ¿o sí?
-No, pero no son los premios lo que te hace continuar. Lo que te hace continuar es tener salud, conservar la memoria, que te sigan proponiendo proyectos interesantes y que el público te siga queriendo.