lunes, 18 de octubre de 2010

FRANCISCO NIEVA: "DE UN LUGAR DE LA MANCHA..."

Juan Ignacio Cortés. 21rs.
“La abundancia de cielo estimula la imaginación”

Entre estrenos, viajes y homenajes, Francisco Nieva nos contesta por mail una entrevista larga en la que deja traslucir su buen humor y sus plenas facultades intelectuales. Más cerca de los 90 que de los 80, Francisco Nieva, sigue siendo prolífico y polifacético. Dice que vive de las rentas, pero este año se ha estrenado una de sus obras y una de sus adaptaciones. Y los homenajes y reconocimientos siguen cayendo. El último, el Premio Corral de Comedias del Festival de Teatro Clásico de Almagro se une al Mariano de Cavia de Periodismo, al Príncipe de Asturias, al Nacional de Literatura o a la Medalla de Oro de Bellas Artes. Su producción teatral, periodística y novelística es inabarcable. En teatro, ha sido de todo: figurinista, escenógrafo, adaptado, autor, director… Pese a que ha anunciado su retirada en alguna ocasión, no parece estar dispuesto a mantener su palabra.

-Usted iba al principio para pintor. Dígame, ¿qué tiene La Mancha que da tanto pintor? ¿No serán ganas de llenar el vacío del paisaje?
-Puede ser. Holanda es más llana que la Mancha y ha dado muy buenos pintores también. La abundancia de cielo es un estimulante para la imaginación.
-Con Ángel Crespo y otros creó el postismo, que es, según tengo entendido, una abreviatura de postsurrealismo. ¿Estaban de vuelta de todo, tan jóvenes?
-No era postsurrealismo, sino posvanguardia. Queríamos dejar atrás a todos los “ismos” y sus ideas sobre “lo moderno”. Nos salíamos de madre, porque lo moderno nos parecía ya antiguo. No estábamos de vuelta de todo, sino a buscando lo desconocido.


-Empezó a escribir teatro con 25 añitos, pero no comenzó a estrenar y publicar hasta casi los 50. ¿Timidez o es que el teatro es un plato que se come frío?
-Comencé a escribir mucho antes, privadamente, Sólo tras escribir Pelo de tormenta, ya con 37 años, comprobé que era autor dramático. Volví a España para escribir con libertad cuantos disparates se me ocurrieran. Cuando murió Franco, comencé a estrenar. Puede que, en efecto, el teatro deba servirse en frío, calculadamente, después de saber con certeza lo que se quiere mostrar al público. Ante la posibilidad de su estreno, reviso y pongo al día muchos de aquellos textos. Tanto escribí de joven, que ahora puedo vivir de los réditos.


-Una parte de su teatro es el denominado teatro furioso. ¿Tan cabreado estaba?
-El régimen de Franco me resultaba estimulante. Era un cabreo alegre y creador.


-Y ahora, ¿le siguen cabreando cosas? ¿O la indignación es una enfermedad que, como la juventud, se pasa con la edad?
-Quien tanto llega a cabrearse por gusto, más tarde necesita seguir cabreado, para tener alguna inspiración. Cabrearme me rejuvenece. 


-Ha dicho que su teatro es un “teatro con greñas”, pero siempre que aparece usted en público lo hace muy atildado. ¿Qué contradicción, ¿no?
-Tengo que vestirme de académico, así que las greñas las llevo en privado. Ahí me siento como un sans-coulotte de la Revolución Francesa.


-Se comenta también que su teatro está a medio camino entre el realismo mágico y el realismo político. ¿Cuál es ese justo medio? ¿El irrealismo político, tal vez?
-Realista o fantástico, mi teatro siempre es político. Y siempre contra el poder establecido. Lo sería aunque estuviésemos en “el paraíso terrenal”.


-Con 86 años sigue publicando, dirigiendo y estrenando. ¿Quiere emular a Francisco Ayala y seguir en activo a los 100?
-Ojalá pudiese, pero temo que no. Me siento agradecido por haberlo hecho hasta el momento con la suficiente lucidez.


-Dice que detesta la hipocresía y, al mismo tiempo, que todo autor es un mentiroso. ¿En qué quedamos?
-El teatro es una mentira intencionada mediante la que se revela la verdad del autor. No es lo mismo que la hipocresía cotidiana de tantas personas.


-Le he pillado, sin embargo, en una mentirijilla. En 2002 declaraba que no iba a escribir más teatro, pero lo ha seguido haciendo.
-Creí sinceramente que ya no podría, pero después de publicar mis obras completas he escrito una versión libérrima de El Cíclope de Sófocles, y una obra “tremenda”, que se llama No sé cómo decirlo. Una prueba de que aún no lo había dicho todo.


-Además de autor teatral es usted articulista, dibujante, figurinista, director de escena. No se aburre.
-Es que yo he querido abarcar el hecho teatral en su conjunto. Y los artículos los escribe cualquiera que los necesite como ayuda económica, y yo no me considero rico.


-Le hubiera gustado también ser actor, pero renunció a ello porque sobreactuaba. Y en la vida real, ¿también sobreactúa, también hace de Francisco Nieva?
-Almodóvar, Arrabal o yo sobreactuamos cuando nos lo impone la presión mediática y hacemos de nosotros mismos mejor o peor. Seguramente, pareceríamos mejor callados. Pero también dirían que posamos de estatuas.