jueves, 5 de noviembre de 2009

YLLANA TEATRO, UNA HIDRA DEL HUMOR


JUAN IGNACIO CORTÉS. Revista 21.

Cuando en 1991 Juan Francisco Ramos, Marcos Ottone, David Ottone, Joseph O’Curneen y Fidel Fernández formaron Yllana, un grupo de teatro basado en el humor gestual, no se esperaban el gran éxito que su propuesta ha tenido. Y no sólo como compañía de teatro. Los Yllana son propietarios del Teatro Alfil, uno de los pocos en los que te puedes tomar una cerveza mientras te ríes; producen y distribuyen montajes de otras compañías; representan actores; cogestionan el International Gag Institute (algo así como el Instituto Internacional del Chascarrillo)… La base de todo ello es su sentido del humor irreverente y corrosivo. Juan Francisco, que hace de portavoz de los cinco nos asegura que no le tienen respeto a nada. Como no podía ser menos, la entrevista transcurre entre sonrisas y risas. Se confiesan adeptos del reciclaje teatral, así que seguro que esta temporada pueden ver algunos de sus espectáculos en el Alfil o en algún local del resto de España, pues giran a menudo por los distintos circuitos teatrales del país. Si buscan reírse y los ven en cartel, no lo duden.

-¿Cuando montaron la compañía sus familiares y conocidos, ¿les dieron la enhorabuena o el pésame?

-Ni lo uno ni lo otro. Más bien lo aceptaron resignadamente. Siempre estábamos pidiéndoles favores: que si trajes, que si coches, que si dinero… Luego, cuando empezamos a invitarles al teatro, lo llevaron mejor. Eso nos dio fuerzas para seguir pidiéndoles.
-Los grupos de rock se separan por guerras de egos. Eso a ustedes no les afecta, parece.

-Los actores tenemos más ego que los rockeros. Lo que pasa es que uno de nosotros sabe artes marciales y hace que nos estemos calladitos, por lo que lo de la separación ni se plantea.
-¿Es el humor una venganza que se come fría, un escudo contra los golpes de la vida o un paño de lágrimas?
-Es un paño de lágrimas. Pero un paño que está lleno de mocos y, cuando te vas a limpiar, te manchas. Ahí está la gracia y, al mismo tiempo, la desgracia. El humor nace muchas veces de reírse de la desgracia.
-Hablando del tema: la pregunta del millón: ¿Es más fácil hacer reír que hacer llorar?
-Es mucho más difícil hacer Reír. Mire, vivimos de esto y tenemos que defenderlo como sea.
-¿Para hacer reír hace falta sólo un poco de morro o esto es una cosa muy seria?
-Es una cosa muy seria. Es verdad que para hacer reír hay que echarle morro, pero de una forma muy seria. Hace falta tener talento y saber comunicar desde un punto de vista. En ese sentido, Yllana ha sabido encontrar un sello que nos identifica. A nosotros nos gusta reírnos de cosas de las que a no todo el mundo le gusta reírse. Y eso le ha gustado al público.
-Seguimos con la filosofía del humor: ¿qué les ha hecho reír más en el último año?
-Nos ha hecho gracia que siempre nos hemos quejado de la crisis del teatro y, ahora que todo el mundo está en crisis, resulta que el teatro no. La crisis le ha sentado bien al teatro, porque la gente quiere ir al teatro a reír. Es una contradicción, pero el mundo del teatro es así.
-¿Y qué les ha hecho llorar?
-Los ayuntamientos, que no nos pagan. Pero no sólo es que no nos paguen, sino que ya están contratando otro espectáculo cuando todavía no nos han pagado el anterior.
-Su espectáculo 666, tal vez el más conocido, lo llevan reponiendo desde el 98. ¿Son los reyes del reciclaje teatral?
-Absolutamente . Ahora empezamos la cuarta temporada en Madrid. Pero es un espectáculo que ha tenido muy buenas críticas y que es muy bueno. Recientemente, hemos estados en el festival Fringe de Nueva York y hemos tenido reseñas en el New York Times, y hay ofrecimiento para presentarlo en el off-Broadway. Eso es un sueño.
-Producen espectáculos propios y ajenos, representan a actores, distribuyen espectáculos, actúan alrededor del mundo… ¿Para cuándo la salida a bolsa?
-Intentamos buscarnos la vida. Resulta difícil ganar dinero para mantener todo lo que Yllana es. Resulta que, buscando dinero, hemos encontrado un filón. No sólo económico, sino también artístico. Hemos creado un estilo, una nueva forma de hacer comedia, un nuevo formato de compañía comercial que está más cerca de la vida cotidiana del espectador.
-Con tanto como ha llovido, cuando presentan un nuevo espectáculo, ¿van de sobraos, convencidos del éxito, o sienten el cosquilleo de los nervios?
-Siempre. Y no es un cosquilleo. Es –perdón por la palabra, pero es que no hay otra más adecuada– acojone. Siempre estás ante el paredón. Y, cuanto más profesional te haces, más.
-Han llegado a ponerles a ustedes una bomba en el Teatro Alfil. Oiga, hay gente que no sabe aguantar una broma, como decía Gila.
-Es cierto. Lo curioso es que el tipo sólo quería gastar una broma y se le fue un poco la mano. Al menos, eso fue lo que declaró. En fin, la cosa no pasó de un susto y se ha quedado en anécdota, afortunadamente. Una anécdota que Yllana nunca ha querido explotar.
-Hablando de bombas, no me extraña que no quieran explotarla.
-Claro, claro, mejor que no explote.
-No contentos con sacar adelante una compañía y un teatro, organizan ustedes un Festival Internacional del Humor. ¿Hay tanto motivo de risa?
-La gente está deseosa de reír. El 75% de la cartelera de Madrid tiene que ver, de un modo u otro, con la comedia. Hay mucha gente que descubre el teatro por la risa, y eso es bueno.
-Además, cogestionan el International Gag Institute, para enseñar a utilizar el humor a actores, escritores y demás agentes creadores. Oiga, pero, ¿eso se puede aprender?
-Nosotros también nos hicimos esa pregunta. Entonces, empezamos a investigar sobre lo que hacíamos, y vimos que hay experiencias parecidas en otros países. Nos importaba sobre todo que la gente aprendiese no sólo a resultar cómico, sino a montar un espectáculo de comedia.
-Entonces, alguien les puede mandar a su cuñado o a su suegra para que aprendan a contar chistes o, por lo menos, para que se tomen la vida de una manera menos tremenda.
-Puede hacer eso o mandarles a la mierda. Son dos opciones: “o te vas a la mierda, o te vas al IGI, a ver si te enseñan un poco de humor”.
-En su publicidad, dicen que el Instituto está abierto a políticos y militares. ¿Alguna petición?
-De hijos. Hubo hijos de militares e hijos de políticos que nos pidieron el ingreso, pero les hicimos un examen de mínimos y no lo pasaron.
-Con todo este activismo en torno al humor, a veces parecen adalides de una cruzada o como partisanos de una revolución. No sé si se identifican con estas imágenes.
-En el sentido de lucha, sí. Nosotros tenemos que luchar continuamente para llegar a fin de mes. Eso sí, no cortamos cabezas, ni fusilamos a nadie.